El micropago es un concepto que nació durante el bum de las empresas punto-com. Básicamente, consiste en aplicar un precio realmente pequeño a ciertas cantidades de información, en ciertos formatos, que no están disponibles de ninguna otra forma, y que no están cubiertos por un modelo de suscripción. De esta forma, se habilita la compra por impulso en internet.


Sin embargo, como bien apunta Ars Technica en este artículo, la mayoría de la gente esperaba que la información en internet sea gratuita, al menos en su mayoría. Hemos podido ver cómo en España los lectores de El País en internet rápidamente pasaron a El Mundo, pese a tener una línea editorial completamente diferente, por el simple hecho de que El Mundo sigue siendo de acceso gratuito, pero El País es de pago.

Pero la iTunes Music Store (iTMS en adelante), la tienda de música de Apple, ha demostrado que el cliente puede pagar por contenido que puede encontrar en otras partes de internet siempre que:

* El precio permita la compra impulsiva, y sea inferior a la contrapartida analógica (micropago)
* Sea la forma más sencilla de conseguir un determinado contenido digital

Usar internet en 2005 es mucho más sencillo que usar internet en 1995, entre otras cosas porque han mejorado las herramientas de que disponen tanto usuarios como prestadores de servicios para facilitar la tarea. Pero aún así, el mejor ejemplo de micropagos, hoy en día, es la iTMS, que no depende de la web, sino de un sofisticado interfaz, embebido en iTunes, que aisla al usuario del hecho de estar conectándose a un servidor seguro, y permite adquirir productos relacionados con el principal uso de la aplicación: la música.

Suponiendo que seamos capaces de resolver el problema de la interfaz, tenemos el problema del pago, que necesitamos poder realizar de forma segura, y sobre todo, de forma que no todo el beneficio se lo lleve la compañía que lo gestione. En efecto, cuando realizamos una compra con tarjeta de crédito en un terminal en el que introducimos la banda magnética, el comercio está pagando la llamada telefónica —unos 4 céntimos de Euro—, más entre un 1% y un 6% de la compra, dependiendo de muchos factores. Los contratos de pasarelas de pago no tienen costes fijos —más allá del coste inicial de incorporar la pasarela a nuestro sistema—, pero tienen costes porcentuales —por encima del 6%— mucho mayores, debido al mayor riesgo de fraude por no tratarse de una operación presencial.

¿Cómo conseguir reducir los gastos asociados con el cobro? Moviendo mucho volumen entre muchos usuarios. Por eso nacieron compañías como DigiCash, y otras similares. Hoy en día, tenemos principalmente Paypal y Kagi. Sin embargo, cuando miramos los esquemas de precios, Paypal es la ganadora para pequeñas transacciones, ya que en viene a cobrar entre un 1,9% y un 2,9% del montante, más un fijo de 30 céntimos. Aún demasiado, para cualquier cosa que valga menos de 2,50 Euros —por debajo de 2,50€, el porcentaje que se paga a Paypal superará el 15%, y e irá creciendo conforme baje nuestro precio de venta al público—.

Paypal, de nuevo, “ha lanzado”:http://arstechnica.com/news.ars/post/20050906-5276.html un nuevo servicio, para mercancías con un valor inferior a 2 dólares; en este caso, el nuevo esquema de precios cuesta tan sólo 5 céntimos, aparte de un 5% del montante.

Ahora, el precio _límite_ —en el sentido de que, por debajo de ese precio, empieza a resultar oneroso— es de 50 céntimos; por debajo de eso, Paypal comenzaría a llevarse más del 15% de nuestra venta. Si se trata de algún tipo de producto por el que pagamos un precio por descarga —por ejemplo, derechos de autor a un tercero—, puede no ser factible. Pero si se trata de producción propia, estaremos obteniendo 0,35 céntimos por cada venta, con la posibilidad de realizar muchas ventas. O quizá podríamos pensar en donaciones 😉

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