Robert Movin —un seudónimo, que podríamos traducir por Roberto de Mundanza— escribió este Relato de un converso para el número 820 de TidBITS, y se reproduce en castellano en virtud del permiso ofrecido por TidBITS para reproducir contenidos en medios sin ánimo de lucro… y me parece que éste es el caso 😉
La mayoría de vosotros ya habréis leído numerosos análisis sobre el MacBook Pro, repletos de especificaciones técnicas, tiempos de arranque, duración de la batería, y recuentos del número de botes que han dado las aplicaciones en el Dock a la hora de lanzarlas. Este análisis no es de esos. En vez de eso, se trata de un relato con mucho de drama, un poco de comedia, anticipación, desengaño y maravilla. Es el relato de un converso que sucumbió al renombrado efecto “halo” de Apple. Es relato de cómo alguien que en general estaba satisfecho en general con _el otro_ sistema operativo en un portátil de empresa bastante bueno se encontró refrescando las páginas de retransmisión en vivo de las conferencias de Jobs cada 30 segundos, haciendo clic sin respirar por toda la Apple Store, y soltando varios miles de dólares un nuevo, brillante, aluminizado portátil con chips de Intel. Ése es mi relato.
Bueno, quizá no sea tan dramático, pero espero que proporcione una perspectiva interesante sobre el papel de Apple en el mundo tecnológico de hoy en día, cómo un diseño genial de producto puede superar las pequeñas irritaciones que hacen la _conversión_ más difícil de lo que debería ser, y cómo puede que el MacBook Pro no sea perfecto, pero merece desde luego la pena pese a algunas faltas clave. Antes de meternos en la historia y el análisis querría agradecerle a Adam [Adam Engs, editor de TidBITS] el permitirme escribir este artículo bajo seudónimo. Mi trabajo en la industria de tecnologías de la información une muy de cerca mi nombre con el de mi empleador, y un seudónimo me da la libertad extra de expresar opiniones personales con seguridad.
h3. Primeros días
Nunca he sido demasiado religioso sobre el sistema operativo que elegía. En tercer grado comencé con los Commodore PET, utilicé el Apple ][ de mi mejor amigo (sobre todo para jugar al Wizardry), y poseí un Commodore 64. Nos encantaba que se pudiera abrir el Apple ][ y ver la circuitería intestina, pero por entonces éramos demasiado timoratos para tocar nada. Aún recuerdo la excitación cuando el Macintosh original apareció al fin en nuestra escuela, y me encantaba explicarle a la desinformada masa que el disco de 3,5 pulgadas era, de hecho, aún un disco flexible (no un disco duro), pese a la falta de flexibilidad. No hace falta que diga que no salí con chicas hasta la universidad.
Fue en la universidad cuando Apple me perdió. Incluso con los descuentos educativos, los productos de Apple estaban fuera de mi poder adquisitivo (como también lo estaban algunas comidas). El sistema operativo ya no era el bastión de usabilidad que una vez fuera, el número de aplicaciones estaba disminuyendo, y el mundo de la empresa lentamente iba pasando al control de los chicos y chicas de Redmond. Lo peor, mi compañero de habitación de primer año se empeñaba en jugar con su Mac hasta altas horas de la noche. Con el volumen al máximo.
Cuando comencé a trabajar en tecnologías de la información (TI) en una universidad, aprendí a odiar los Macs – eran mucho más difíciles de gestionar y de integrar en nuestra red que otras opciones. Iba bien si todo era de Apple, como algunos de los laboratorios, pero en aquella época los Macs no se las apañaban bien en un entorno mixto. Aún así, admiraba algunos de los primeros portátiles de Apple, babeaba por un Newton, y aún tenía una cierta debilidad por Apple como empresa.
h3. Bienvenidos al iPod
Avancemos la cinta cerca de una década. Me acababa de dejar mi buen reproductor de MP3 Archos en un vuelo desde Japón, y lo había perdido. Acababa de comprar un nuevo PC Dell de sobremesa pese a la presión de Chris Pepper, frecuente contribuyente de TidBITS y amigo cercano. Discutimos acerca de cómo no me podía permitir los miles de dólares de un Mac que tenía menos potencia de cálculo que un Dell de 600 dólares, pese al diseño superior del Mac. Estaba contento con los programas de edición musical y de imágenes disponibles para Windows, y debido a mi cuidadoso manejo no sufría de los problemas de seguridad o rendimiento que asaltan a muchos usuarios domésticos. Entonces me compré un iPod de tercera generación para sustituir al Archos, y comenzó el camino cuesta abajo que me llevó al MacBook Pro.
El diseño el iPod me maravilló. Apagaba las luces sólo para ver el brillo naranja tan guay de las teclas retroiluminadas. Entonces fue cuando me di cuenta de que Apple creaba experiencias de usuario sin igual. He utilizado todos y cada uno de los dispositivos y sistemas operativos disponibles, pero la experiencia con el iPod fue algo que no había sentido desde mis experimentos con aquél primer Macintosh. Era limpio, fácil de usar, y no parecía un montón de placas y estándares montados juntos en cualquier carcasa plástica que hubiera por ahí. Estaba enganchado, y comenzó el efecto “halo”. También comencé una relación a larga distancia, y añadí el Airport Express a mi arsenal para facilitar mi nuevo estilo de vida multi-hogar. Luego vino un Mac mini — que valía menos que las últimas revisiones de mi coche, y pasó el test de mi futura esposa por su diminuto tamaño. Apple había producido al fin un Mac que podía permitirme, e integrar fácilmente en casa.
Pero lo que realmente me sorprendió es que Mac OS X me apabulló. No se puede tener el tacto completo de lo que es Mac OS X simplemente jugando con él en una Apple Store; es sólo cuando lo usas todos los días cuando realmente aprecias sus ventajas. La estabilidad era buena, pero no tan rara para mí por que mis sistemas Windows son bastante estables. Era el _tacto_ de Mac OS X, la estrecha integración entre aplicaciones (especialmente las que componen iLife), la línea de comandos Unix, y las maravillas de AppleScript las que finalmente me compraron. Puse aquel pequeño Mac mini en lo alto de mi torre Dell, y no miré atraás. Se convirtió en nuestro sistema principal. Comencé a programar en AppleScript. Y de repente se convirtió en el servidor de la intranet de casa, para gestionar nuestras agendas, proporcionar tráfico y meteorología locales, distribuir música, e incluso permitiéndome trastear con la automatización doméstica. Pero el Mac mini siempre pareció un poco lastrado – no merecía la pena hacer conversión de vídeo, iPhoto se arrastraba, y Microsoft Office iba cansado. Era el momento de algo mejor, pero ¿cómo podía justificar otro ordenador más? Como ya no estaba soltero, no era una simple pregunta retórica.
h3. Cambio de chips
Intel fue la respuesta. Primero vino el anuncio del cambio de CPUs por parte de Apple a favor de Intel, lo que significaba mucho más que un simple incremento de rendimiento. El mundo de la empresa se está moviendo rápidamente hacia la virtualización a gran escala, abstrayendo sistema operativo, configuración y aplicaciones, y ejecutándolas dentro de otro sistema operativo, incluso en hardware incompatible. Consideremos Virtual PC de Microsoft, que hace que un sistema Windows “virtual” (llamado una “máquina virtual”) piense que se está ejecutando en un PC, cuando en realidad lo está haciendo en un Mac. Si no estás familiarizado con el funcionamiento interno de las grandes cuentas de TI, la revolución de la virtualización está comenzando a entrar, y los beneficios son inmensos. En la parte de servidor, la virtualización permite mejor separación, gestión simplificada, y licencias de uso mejoradas (imagina correr cuatro servidores, cada uno configurado por separado, cada uno aislado del otro, en un único sistema hardware). En las estaciones de trabajo, la virtualización permitirá que las empresas instalen una imagen de disco protegida y segura en prácticamente cualquier hardware, mientras que se permite que los empleados destruyan el resto del sistema operativo con su mal comportamiento. La empresa queda protegida, los costes de soporte se mantienen a un nivel manejable, y los usuarios aún tendrán la libertad de descargar aplicaciones de información meteorológica llenas de _spyware_ sin causar problemas. Aún no hemos llegado a eso, pero está cerca.
Como estoy seguro de que muchos de vosotros sabéis, la virtualización entre plataformas de hardware degrada enormemente el rendimiento. Hay una capa extra de traducción en la que cada instrucción hay que convertirla de un chip a otro. Por eso Virtual PC sufre incluso en el Power Mac G5 más rápido. Pero con una base hardware consistente —procesadores compatibles x86— la virtualización pasa a ser una opción mejor, al reducirse el número de traducciones para la CPU. Utilizando VMware (un producto de virtualización para Windows y Unix como Virtual PC) en ese Dell que tengo, puedo ejecutar confortablemente dos máquinas virtuales y esperar un rendimiento razonable. Apple estaba fuera del juego de la virtualización porque todas las versiones de Windows, y la mayoría de las versiones de Linux, están ligadas al hardware Intel. Pero con los Macs utilizando CPUs de Intel podemos esperar el mismo o mejor rendimiento al ejecutar máquinas virtuales que en Windows. ¿El beneficio real? Podré utilizar un Mac para todas mis necesidades de computación personal, mientras ejecuto una imagen virtual de mi sistema corporativo —con todas mis aplicaciones de empresa— en una pequeña ventana en la esquina de mi pantalla. A no ser que dependas de una rara y pesada aplicación cliente-servidor, serás capaz de ejecutar Microsoft Outlook o Lotus Notes nativamente, sin comprometer la seguridad corporativa o incrementar el coste de soporte. De hecho, el soporte se simplifica, ya que la imagen corporativa se puede cerrar más que el ordenador de sobremesa típico, y reiniciar fácilmente. No es que mi empresa permita nada de esto aún, pero siempre hay formas.
Comentarios
10 respuestas a «Del iPod al MacBook Pro: Relato de un converso»
Por cierto, ¿alguien se imagina quién puede ser realmente _Robert Movin_? Al principio pensaba que Tom Yager —está loco por la virtualización—, pero Tom sí tenía un PowerBook antes que el MacBook Pro…
A mi este tío me parece un poco gilipollas la verdad 😉 (Sin Ofender)
Parece que llevase la tira de años con los Macs y que supiese mucho.. Pero no está enterado de nada.. Eso, o yo empiezo a saber demasiado…
Lo de los atajos de teclado, incluso el de copiar y pegar, se pueden cambiar en las preferencias del sistema en el panel de teclado y ratón..
Lo de la virtualización, el Q (port/front-end en cocoa del QEMU) tiene problemas todavía para correr Windows XP, pero el Wintel de Openosx va perfectamente hasta que “arreglen” el Q….
Nada complicado enterarse de estas cosas… :/
El resto del artículo, me abstengo a comentarlo vaya a ser que me tachen de clasista por comentar algo en contra de lo que dice de que tiene un coche que vale menos que un mac mini :/
En fins…
Toy probando ahora precisamente el Wintel y el Q (versión inestable) que corren Windows XP… Pero ninguno de los 2 me deja seleccionar una partición ya existente de Windows en un disco duro externo..
Juande, sabes si se puede con algún comando por el terminal o modificando preferencias o algo?
Vale, me contesto yo a mi mismo 😉
Efectiviwonder si se puede lo que yo quería hacer:
http://fabrice.bellard.free.fr/qemu/qemu-doc.html#TOC19
Que apañao que es el google, que haría yo sin él!!!!
nada tampoco me deja..
bq. *coolkamio*: A mi este tío me parece un poco gilipollas la verdad 😉 (Sin Ofender)
Parece que llevase la tira de años con los Macs y que supiese mucho
Pues creo que más bien no, que precisamente lleva con Macs menos de un año… y se ve que no tiene mucho tiempo para investigar el sistema, y que quiere hacer las cosas _por narices_ mediante el Terminal… y es mucho más sencillo usar otras herramientas 😉
Por ejemplo, lo de los ajustes de red se hace con las ubicaciones, y a poco que lo hubiera buscado en la ayuda, lo habría encontrado…
Ya te digo juandesant…
Tienes razón respecto a lo del año y medio.. Con lo que lleva la tira de años era con el Apple II 😛
Pero weno.. después de año y medio de uso y no haberse acostumbrado a darle a manzanuco en lugar de control :/
En fins, el caso es que no veas la de gente que se queja de cantidad de cosas por que “no funcionan como en windows” y acaba vendiendo el mac que se acababa de comprar, sin ni si quiera mirar en la ayuda del sistema como bien dices si es posible configurarlo a nuestro gusto… otro ejemplo que ambos conocemos y que me solía sacar de quicio cuando redactaba las noticias en Faq-Mac, Paul Thurrot..
Va el tío y vende el iMac por que dice que “hay demasiadas pequeñas diferencias” como para usar los 2 sistemas todo el día…
Que vaya experto en IT si no es capaz de manejar más de un sistema/aplicación…
Así es la vida 😉
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Un poco raro que hable del proceso de migración. Mis amigos están cambiando de mac a pc y no hacen ni una pregunta, ni tienen dudas, ni me llaman para nada…
Uno de ellos me compró el eMac y le pusimos Mac OS X 10.4. Hace poco se compró un Compaq portátil. Comentando las bondades de uno y de otro caímos en la cuenta de que el eMac tiene 4 años mientras que el Compaq es nuevo, y aún así lo único que realmente supone una diferencia importante es la falta de USB 2.0. Bueno, y el ruido de los primeros eMacs, casi insoportable.
Sobre los Intel, no comment. Lo único que aportan al usuario medio es poder iniciar Windows, a cambio de una migración más o menos suave.
Somos muchos lo que estamos volviendo a Apple de nuevo, me identifico con tu historia. Yo soy infografista y manipulo las artes graficas tridimensionales, vectoriales y de pixel de maneras que un Mac NO PUEDE. Pero con el uso del BootCamp podré tener lo mejor de ambos sistemas en una sola máquina, o sea, el harware perfecto más el software perfecto para mi trabajo, y para investigar cosas nuevas que mis colegas no conocen… Leopard.
Adoro el hardware Mac y adoro mis programas PCs (3DS Max) así que mi próxima maquina será una MacBook Pro 2.4 con la que pienso producir muuucho dinero y además divertirme mucho mostrándole a mis clientes lo que nadie más tiene… gusto, estética y potencia para llevar. Asi que vuelvo a Apple despues de 10 años.