AppleMatters: El mayor ardid de Steve Jobs

Chris Seybold, en Apple Matters, tiene un artículo interesante acerca de lo fundamentalmente diferentes que son Mac OS 9 y Mac OS X, y cómo Steve Jobs nos persuadió de que Mac OS X era Mac, más allá del nombre.

En su artículo, Chris plantea que Mac OS X no tiene nada que ver con Mac OS 9. El credo oficial en Apple —o más bien, de Steve Jobs— respecto al Mac era: accesible por igual para todos los usuarios. Nada de terminal, porque no todo el mundo sabría usarlo. Nada de herramientas de programación, salvo que cualquiera pueda utilizarlas, al menos, un poco.

¿Qué quería la gente de la que tendría que ser siguiente generación del Mac OS? Quería multitarea, para poder grabar un CD mientras hacía otras cosas, y quería protección de memoria, para que una aplicación que saltara por los aires no se llevara por delante todo el sistema. El resto, estaba bien tal y como estaba.

En cambio, Mac OS X era una clase nueva de bestia: dispone de un terminal, incluye un gran número de herramientas de programación, tanto gráficas como de línea de comandos, y su aspecto es tremendamente diferente del que presentaba Mac OS 9. ¿Cómo se pudo convencer a los usuarios Mac de que un Mac con Mac OS X seguía siendo un Mac?

El ardid

Chris plantea que el gran ardid de Steve Jobs, hacer que la gente adoptara Mac OS X como sucesor de Mac OS 9, se produjo por tres factores. El primero, la identidad de aspecto entre aplicaciones en Mac OS 9 y Mac OS X: iTunes e iMovie eran idénticos en Mac OS X y Mac OS 9, y las aplicaciones carbonizadas eran idénticas de aspecto entre ambos sistemas.

El segundo factor, el rendimiento: Mac OS X, incluso en sus primeras versiones, podía manejar muchos más programas a la vez, y no se colgaba —vale, desde Mac OS X 10.0.4—, y su integración en entornos mixtos era mucho más sencilla. Y las rápidas actualizaciones —el ritmo para pasar de 10.0 a 10.1 a 10.2, e incluso a 10.3, y mejorar el rendimiento siempre ha sido impresionante— dejaban claro cuál era el futuro. Chris cuenta cómo en los periódicos donde se pasó de Mac OS 9 a Mac OS X, después de los gruñidos iniciales, y un par de semanas de señalar las diferencias entre Mac OS 9 y Mac OS X, la gente se preguntaba por qué no habían cambiado antes.

Y por supuesto, la compatibilidad con las aplicaciones Mac OS 9…

Yo matizaría muchos de los puntos que plantea Chris. Por ejemplo, el no incluir un terminal no gráfico en Mac fue una decisión consciente para forzar a que los programas se escribiesen de forma gráfica. Sin esa decisión, que en su momento costó caro al Mac por la ausencia de programadores formados, y por ser considerado un juguete, no habría un Mac OS X con las capacidades gráficas de que disponemos… o habrían llegado mucho más tarde. ¿Quizá con Windows Vista? 😉 Pero hoy en día el interfaz gráfico está firmemente establecido, y disponer de un Terminal sólo sirve para quienes hacen simples aplicaciones para manipular archivos, o detalles escabrosos del sistema. Quienes no quieren saber del Terminal, no tienen que hacer mucho para ignorarlo: ni siquiera aparece en la lista de Aplicaciones, sino que está guardadito en una carpeta de Utilidades…

El no introducir herramientas de programación en el Mac original… aparte de ser otra decisión consciente, también se veía reforzada por la falta de recursos: hacía falta un Lisa primero, y luego un Mac 512KB, para poder hacer programas para un Mac 128KB. La riqueza de entornos de programación actuales viene tanto de la base Unix, como de haber hecho de Java, por fin, un ciudadano de pleno derecho.

Respecto a las aplicaciones Mac OS 9, creo que, realmente, hubo un efecto adicional: originalmente, se pensó en preservar el aspecto Platinum de Mac OS 9 en Mac OS X, y creo que fue un enorme acierto el no preservarlo. Si se hubiera mantenido, no se habría tenido ese incentivo para pasar de aplicaciones clásicas a aplicaciones nativas, y sin aplicaciones nativas Mac OS X no tendría sentido. Eso sí, funcionaban sin problemas, pero cantaban: estoy aquí de prestado. No estoy en casa aquí… y realmente Mac OS X era más atractivo. Es posible que elementos como el Dock fueran más útiles si tuvieran menos de demo y estuvieran más pensados, pero sin ese atractivo, quizá no habría habido adopción.

Al final, creo que realmente sí que hay que alabar a Steve Jobs por haber sabido llevar la transición… y crear una experiencia con Mac OS X que es mejor, en la inmensa mayoría de los casos, que la que se tenía con Mac OS 9, preservando al máximo la facilidad de uso, mientras que se aumentaba enormemente el número de opciones disponibles para quienes las necesitan, y haciendo que Mac OS X sea ahora una opción preferente dentro de ámbitos como la investigación y la programación.

Claro que quizá el mayor ardid de Steve Jobs haya sido no importarle el Mac OS clásico más que como base instalada a la que le sería más fácil venderle Mac OS X (NeXTstep 5) si disponía de cierta compatibilidad con ese Mac OS clásico… Después de todo, el estuvo utilizando un ThinkPad de IBM con NeXTstep 4 hasta el momento en que se dispuso de Mac OS X. Y hoy por hoy, estoy seguro de que él usaba Mac OS X en su ThinkPad… porque no creo que entre mucha gente a su despacho sin llamar. He borrado esta última frase porque coolkamio me ha recordado que Mac OS X salió justo al mismo tiempo que el PowerBook G4, que fue el primer Mac que utilizó Jobs. Así que pudo usar Mac OS X en el PowerBook G4 estando contento, y usó NeXTstep en su Thinkpad.

Y otro truco de Steve Jobs: estar convencido completamente de algo —la necesidad de que el Mac OS sea accesible por igual, en este caso—, para después pasar a defender con igual ardor lo contrario —un sistema operativo basado en Unix—… y que la gente lo tome como una evolución, y no como una mentira 😉

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