Al leer una traducción al castellano de los recuerdos de Nick Sagan sobre su famosísimo padre, Carl Sagan, realizada por Slashuco y publicada por Fernando del Álamo en su bitácora Historias de la Ciencia, me ha llegado especialmente este párrafo:
Hacía ruidos realmente curiosos. Su risa era explosiva y desinhibida. Era el tipo de risa que te hacía sentir bien sólo por hacerle reír. Sus estornudos eran atronadores. Y de vez en cuando hablaba a los animales en su lengua nativa. Las veces que vimos delfines, les saludaba con una razonable aproximación del idioma del delfín. De vez en cuando le respondían. No tengo ni idea de qué se estaban diciendo. Pero mi sonido favorito de todos era el que hacía cuando se acercaba a algo nuevo e interesante, alguna idea o posibilidad que le impresionase o alguna manera nueva de ver las cosas. Era una especie de “aaaah”. Uno de mis mejores momentos: estábamos viendo mi primer episodio de Star Trek “Attached” y al cabo de unos minutos hizo ese sonido, girándose hacia mi con una sonrisa cegadora y diciéndome: “¡Está muy bien!” Y así continuó durante toda la serie. Amaba totalmente lo que yo hacía. Esa sensación de auténtico disfrute aún esta conmigo, un sentimiento de aprobación y respeto que atesoro como ninguna otra cosa.
Y es que considero que disfrutar de vivir es, entre otras cosas, disfrutar de comunicarse… y en mi caso, es comunicarse para conocer. Y casi me hizo llorar de emoción ver que tenía eso en común con mi admiradísimo Sagan. Quienes me conocen saben de mis ruidos, admiraciones, y estornudos 😉